MANIFIESTO FUNDACIONAL DE INTELIGENCIA NATURAL.

Inteligencia Natural nace en mitad de una búsqueda. Una búsqueda de trabajo y de respuestas.

En los últimos cuatro meses me he presentado a decenas de ofertas de trabajo, he investigado a muchas empresas y he leído cientos de posts en Linkedin.

Y todo tiene un punto en común; la inteligencia artificial. 

Prácticamente todo está creado con inteligencia artificial o habla de inteligencia artificial. 

Los posts, las ofertas de trabajo, las respuestas a las candidaturas, el copy de las webs, las soluciones de las empresas, las descripciones de producto.

Incluso las ideas parecen generadas por defecto, como pasadas por la misma fotocopiadora creativa. Todo suena igual; ya nadie canta sin Auto Tune ni escribe subordinadas.

Pero no acaba aquí la cosa.

Cuando tengo un problema con mi banco, o con mi seguro, o mi tren se retrasa, las empresas me obligan a hablar con inteligencias artificiales.

Perder mi tiempo entrenando a sus IAs se ha convertido en su modelo de ahorro de costes.

Porque automatizar es más rentable que atender al cliente. Que atenderlo de verdad, quiero decir.

Esta manera de relacionarse con las personas —desesperando a clientes que necesitan ayuda y sustituyendo a empleados por tecnología— dice mucho más sobre estas empresas que todas las chorradas huecas que una IA les pueda escribir para su «misión, visión y valores».

También dice —grita— mucho sobre este nuevo mundo que estamos deconstruyendo y reconstruyendo o a una velocidad vertiginosa.

¿Crees que seremos capaz de adaptarnos?
(Si quieres mandarme un correo con tu opinión, me encantará leerlo).

En ese contexto, mi hija de 7 años le pregunta a ChatGPT que cómo se inventó la comida. 20 minutos más tarde me dice que ChatGPT es su mejor amigo.

Y para rematar, ya no hay forma de saber si lo que vemos en Internet es real o lo ha creado una IA.

Vídeos de sucesos que no han ocurrido con personas que no estaban allí, imitaciones de voces calcadas, avatares súper realistas…

¿Qué podemos hacer? ¿Dónde vamos a parar?

La verdad es que no tengo la respuesta.

Creo que ni siquiera los que están generando la movida la tienen. 

Y mentiría si dijera que no me preocupa dudar de si mi hija vivirá mejor que yo.

Pero el objetivo de este proyecto no es avisar de que viene el lobo.

Pienso que la IA ya es infraestructura y que oponerse a ella es como oponerse al sistema eléctrico o a Internet.

Lo que pretendo con Inteligencia Natural es recordar y reivindicar lo que hemos sido capaces de crear antes de la IA.

Nuestras ideas.
Nuestra ciencia.
Nuestros descubrimientos.

Los errores.
El arte.
Los vínculos.

Los vínculos. Sobre todo, los vínculos.

Y hacerlo en comunidad.
Con un enfoque sereno, optimista, y orbitando siempre alrededor de la belleza, lo humano y lo que merece ser compartido.

Pensé en camisetas porque son visibles y virales en sí mismas.

Me encantaba la idea de ver a alguien —a un humano— paseando por la calle con una camiseta en la que se leyera INTELIGENCIA NATURAL.

Me parecía divertido; el medio es el mensaje, ya sabes,

Y además, me parecía un mensaje capaz de crear una conexión con las personas que se cruzaran con él.

Porque Inteligencia Natural es una manera de pensar.

Un canto a todo lo que no se puede predecir ni replicar porque es contradictorio y misterioso, calentito como una piel bronceada en una playa solitaria.

Para acabar.

Este  proyecto no viene con grandes promesas.

Ahora mismo solo estoy haciendo la camiseta que me gustaría ver por la calle para comprobar si hay más gente a la que también le gustaría verla (y llevarla).

Vertebrando el proyecto entorno a una comunidad de personas que todavía valoran pensar —y escribir y sentir— por sí mismas.

Sin automatizaciones, ni optimizaciones, sino con presencia y consciencia.

Y bueno, espero que seas una de ellas y que te quedes mucho por aquí.

Gracias por estar y leer.

Angels

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